Agricultura y cambio climático: consecuencias

Agricultura y cambio climático: consecuencias

Tiempo de lectura: 4 minutos

Ya hemos repasado algunos de los problemas más preocupantes del cambio climático y cómo intentar evitarlos de forma individual. Sin embargo, hay algunos problemas estructurales que no sólo se han acentuado por la crisis climática sino que se agravarán con las previsiones de crecimiento de población. Vamos a analizar qué consecuencias tiene la combinación de Agricultura y cambio climático.

Lo primero de todo es ponernos en un contexto actual ya de por sí grave. Según datos del año 2018, existen más de 820 millones de personas que pasan hambre en el mundo. ¿Qué nos podemos esperar si la población mundial alcanza los 10.000 millones de personas en el año 2050? Sin duda, una crisis humanitaria sin precedentes.

Agricultura y cambio climático: efectos negativos

El cambio climático como es sabido está aumentando la temperatura de una forma acelerada. Tanto es así que pone en riesgo la salud de las personas y la biodiversidad del planeta. Además, también está afectando los actuales sistemas de producción agrícola.

Hace ya un tiempo que se estaba alertando del paradigma agricultura y cambio climático y las consecuencias del aumento de la temperatura en al rendimiento de los cultivos. Y precisamente sobre este tema se presentó recientemente un estudio de la Universidad de Oxford y la Universidad de Conpenhague en el que se publicaron nuevas pruebas de una situación cada vez más crítica.

Los responsables de este estudio realizaron un análisis de los principales alimentos de la agricultura mundial. Se trata de un grupo de alimentos que agrupados significan el 83% de las calorías producidas en las tierras cultivables del planeta. Se trata de los siguientes alimentos:

  • Arroz
  • Cebada
  • Sorgo
  • Soja
  • Aceite de Palma
  • Trigo
  • Caña de azucar
  • Mandioca o Yuca
  • Colsa

Estos anunciados cambios en el rendimiento de las cosechas, siempre según este estudio, se reflejaron en que hubo un descenso del 13’4% en la cosecha del aceite de palma mientras que se mejoró un 3’5% en el caso del cultivo de la soja. En todo caso, en términos generales, se produjo un descenso del 1% del rendimiento de la cosecha.

Los investigadores indicaron que el impacto que está teniendo el cambio climático varía según la zona geográfica y el tipo de cultivo:

  • En Europa, África del Sur y Australia sus efectos son negativos
  • En América Latina son positivos
  • En Asia, América del Norte y Central sus efectos son mixtos

Si bien es interesante esta fotografía según amplias áreas, los investigadores sí dejaron algunas conclusiones que seguro pusieron en alerta a los expertos internacionales de alimentación:

La mitad de todos los países que padecen una insuficiencia alimentaria están ya experimentando un descenso en la producción de cultivos

Este descenso también lo está padeciendo los países industrializados ricos de Europa Occidental, pero estas naciones tienen capacidad económica para importar alimentos. No podemos decir lo mismo de otras zonas del África del Sur, por ejemplo.

Sobre este tema, el principal autor del estudio, Deepak Ray, incide en que este descenso de la producción está ocurriendo ya: “Algunos países que ya están en situación de inseguridad alimentaria están teniendo peor rendimiento en sus cosechas. La investigación documenta cómo el cambio está ocurriendo ya, no sólo en el futuro“, analiza el investigador del Instituto sobre el Medio Ambiente de la Universidad de Minnesota.

Como ya avanzamos, los investigadores del Consejo Consultivo Científico de las Academias Europeas (EASAC) inciden que esta menor producción nacional de las cosechas de los países europeos lo compensarán con importaciones que, a su vez, perjudicarán a las poblaciones de los países productores pobres. Países que tendrán que talar miles de árboles de bosques y selvas para aumentar terrenos para este tipo de cultivos con los que satisfacer la demanda de la siempre hambrienta Europa. Y como en un bucle infinito, se incide en un agravamiento de las consecuencias del cambio climático al perder espacio para nuestros pulmones naturales, los árboles.

La clave, según indican los responsables del estudio, estará en desarrollar sistemas alimentarios que puedan superar las nuevas dificultades impuestas por el cambio climático. Con una producción agrícola más resistentes se podrá garantizar la seguridad alimentaria.

Cambios en toda la producción alimentaria

Pero hay que ir más allá de la agricultura. Así lo indica un nuevo análisis del Programa de Investigación sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS). Para poder afrontar con ciertas garantías los nuevos retos que se presentan para la producción alimentaria planetaria se debe pensar en ir más allá de mejorar los sistemas de producción agrícola, según explica la directora de investigación del estudio del CCAFS, Ana María Loboguerrero.

Si se piensa en el aumento de dos grados, los esfuerzos deben ir más allá del sector agrícola. Hay que reducir las emisiones frenando la deforestación, disminuyendo la pérdida de alimentos y los residuos, reduciendo las emisiones de la cadena de suministro y replanteando la dieta humana

En este aspecto, se ha puesto en los residuos de alimentos el gran objetivo para disminuir de forma drástica las emisiones de CO2. Y si vemos los datos, es una solución que tendría efectos importantes en la salud del planeta. Los residuos de alimentos representan casi tantas emisiones de gases de efecto invernadero como la propia agricultura. Es un doble golpe moral que la sociedad tiene con los desperdicios alimentarios.

Ya sabemos que la agricultura representa entre el 10 y el 12% de todas las emisiones. Los residuos alimentarios representan el 8% del total de emisiones. Si tenemos en cuenta que que 1/3 de la producción alimentaria se lanza, la solución a una mejora sustancial está al alcance de la mano.

Sobre todo si tenemos en cuenta que la adopción de nuevas medidas de reducción de emisiones de la industria agrícola será lenta. Tanto como decir que según los escenarios más optimistas, ponen el año 2030 cuando las prácticas de estas nuevas medidas de agricultura estén en funcionamiento y ello llevaría a una reducción de entre un 21 y 40% del sector.

En definitiva, de nuevo nos demuestran que la solución depende de nosotros. De la capacidad de la sociedad de hacer un cambio en su forma de consumir, en este caso en la alimentación. El aprovechamiento de la producción agrícola evitaría un porcentaje sustancial de gases de efecto invernadero y, en consecuencia, un mejor reparto de comida en el mundo.

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